La Web de AMILKAR

Nací bajo el signo de tauro, ascendente Piscis y la luna en Libra. Año del dragón de madera. Dicen que el dragón escupe fuego por su boca y así era yo de pequeño, todo el día berreando y pidiendo a gritos querer ser mago a toda costa desde que recuerdo, mi madre me llevo al TURO PARK a ver el típico espectáculo infantil y allí vi a un mago que recuerdo vagamente con pañuelos y palomas.

Después de esto ya vinieron para reyes las típicas cajas de magia y lo que era en principio un juego se transformo en una locura.

Estaba estudiando internado en el Colegio del Redentor, ya que por razones de salud por parte de mi madre, mi tutor se vio obligado a recluirme durante una temporada allí. Compartiendo vida y milagros con niños de todas las edades y condiciones sociales mi vida diaria se desarrollaba no tan felizmente como mi familia hubiera deseado.
Una vez pasada esta etapa finalizada con el Santo Sacramento de la 1° Comunión en San José de la Montaña, hermosa ermita en la zona alta de Barcelona, pase a formar parte del alumnado del colegio Sant Miquel, donde se imponía la disciplina por parte de los misioneros del Sagrado Corazón de Jesús. Los tiempos cambiaban y las cosas iban mejor en casa. De todas maneras, mi madre tenia que luchar contra viento y marea por sacar adelante un niño que por circunstancias de la vida se había visto privado de la figura paterna. Esto implicaba ciertos prejuicios sociales por parte de algunas personas de su entorno, pero no por parte de la familia, quien siempre demostró un gran cariño hacia mi y un gran respeto por mi madre.

Vivía a caballo entre casa de mi madre y casa de mis tíos, JUAN y LEONOR y su hija PILAR TORMO. Fue en este entorno donde aprendí algunos de los valores más indispensables desde el punto de vista del ser humano, saber escuchar, la pasión por el arte y la importancia de la lectura como estimulo de la imaginación.

Fue por aquel entonces cuando se consolido la relación entre mi madre y ANTONIO MARTIN, quien había sido mi tutor en ausencia de mi madre anteriormente. Hacíamos salidas en familia en verano todos juntos y vivíamos sobriamente, también amparados en el esfuerzo que mi madre realizaba al tener su propio negocio en su salón de belleza como peluquera.

A todo esto yo iba creciendo y sacando mis estudios no sin cierta dificultad. Por lo cual primero me incline a trabajar como vendedor de enciclopedias a domicilio, llegando a ser jefe de grupo con una gran producción y posibilidad de ser delegado y después cuando mi madre traspasa su salón de belleza y se dedico a los negocios inmobiliarios trabaje en el departamento de captación de clientes con tan solo 17 años con éxito y consiguiendo algunos ingreso sustanciosos. Era una época en la cual la especulación inmobiliaria estaba en auge.

Antes de cumplir los 18 conocí el café-teatro LLANTIOL y me quede encandilado por el autentico mundo de la magia, el cual ya conocía anteriormente por mis citas los miércoles en el desaparecido C.E.D.A.M. Allí conocí a algunos de mis mejores amigos dentro del mundo de la magia que aun hoy conservo.

En esta época fue donde empezaron las desavenencias con mi madre y ANTONIO MARTIN por dedicarme o inclinarme por el mundo del espectáculo, pues mi madre sabia por experiencia propia lo duro que era el camino que había elegido y los problemas personales que me iba a suponer dado mi carácter y personalidad.

En parte no se equivocaban, pero solo en parte, pues la magia no es solo espectáculo como en los años 50, sino que es un arte hoy en día, incluso una ciencia en la cual el publico cada vez se ha vuelto más exigente y te ayuda a superarte a ti mismo cada día mas estudiando y estimulando tu propia imaginación, cosa con la que actualmente disfruto y me siento satisfecho al cien por cien. La magia es mi vida, mi modo de pensar, de aprender enseñando y de razonar lo que no entiendo intelectualmente hablando, siempre en busca de la emoción mágica.

Hago el paralelismo entre magia y ciencia pues también un mago ha de pasarse toda la vida estudiando nuevas tendencias e innovaciones sobre teorías ya clásicas existentes para mejorar o en ocasiones solo cambiar el método de cara a simplificarlo, como si de un científico se tratase y también de forma autodidacta.

No obstante, el termómetro más valido y único y por supuesto definitivo es el publico, que es el receptor pues estamos hablando de un arte o ciencia que al margen de poder ser visual o plástica, por encima de todo esta basada en la interacción y comunicación con el publico de todos los estratos sociales sin diferencia de genero o cultura ni clase socioeconómica.